LLegamos agotados a casa tras recorrer media ciudad para recoger el paquete… hago sonar el clicker… y hasta me asusté de lo fuerte que sonaba. Miré al perro: como si nada. Bien, ahora toca empezar de nuevo y en serio.
Cargo el nuevo y definitivo clicker… y cuál es mi sorpresa cuando noto que si suena el doble de fuerte hace el doble de caso. Supongo que lo discrimina más del resto de los estímulos al ser tan fuerte… y el otro pasaba más desapercibido. =)
Hoy hemos probado varias cosas, he tanteado un poco para ver cómo responde… y ni punto de comparación. Unos minutitos de ejercicios que ya conocía y algo nuevo… a ver que tal… GUAU!! hasta en la calle responde (eso sí, aún con correa).
Probé a enseñarle a que me mirara ya que prefiere estar pendiente de si mis manos le acarician o le dan de comer o algo. A la tercera vez de captarlo… me miraba ¡con unos ojos más tiernos! ¡No hay derecho a esto! =) Y a partir de entonces siempre lo hace… es el primer paso (pienso yo) para que aprenda que las órdenes las doy yo con mi cuerpo y mi voz… y que no por mirar la mano contenedora del clicker o el premio va a llevárselo.
También estamos empezando el “Weave”, sí, ya sabeis… el 8 =) Cruzarse por debajo de mis piernas haciendo un 8. Inmejorable el resultado del nuevo clicker… =)
Y hasta aquí, muy generalizada mi experiencia hasta ahora, a partir de ahora (de nuestra vuelta del pueblo a causa de las vacaciones) volveremos a salir al campo y a ver qué tal se da allí.


